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14 de enero de 2026

“Todos los días se escuchan choques”: relatos del peligro en La Frontera, epicentro de accidentes en Pinamar

Conductores sin casco, menores al mando y una geografía desafiante conforman un combo letal. Infobae conversó con quienes recorren la zona a diario

>(Enviado especial a Pinamar) En La Frontera, la extensa playa virgen al norte de El escenario se complica por la topografía —médanos altos, valles ciegos, viento impredecible— y la cantidad de participantes que, alentados por la adrenalina, circulan a alta velocidad o entregan el control a conductores menores de edad, incluso sin el equipo de protección requerido.

La preocupación latente se transforma en angustia concreta con episodios como el accidente que dejó gravemente herido a Bastián, el niño de ocho años que permanece internado en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Comunitario de Pinamar. Afortunadamente, el último parte médico indicó que presenta una leve mejoría.

Álvaro Romero, quien trabaja en la zona hace varias temporadas, relató: “Esta es mi cuarta o quinta temporada trabajando acá. En este tiempo, prácticamente todos los días se escuchan choques o accidentes. En años anteriores, todos los días entraban la ambulancia y los bomberos a buscar gente que chocaba >Otra voz consuetudinaria de La Frontera es la de Iván, trabajador local en la zona de la banana, quien describió a Infobae el predominio de la búsqueda de emociones fuertes: “Lo que más se busca es la adrenalina. Si bien hay quienes disfrutan la playa, ponen un gazebo y preparan algo para comer, la mayoría viene a correr en la arena o incluso en el agua, especialmente con motos. La adrenalina es lo principal. Mayormente la gente circula sin casco, incluso haciendo wheelies o maniobras peligrosas. Se ven muchos menores, claramente muy chicos, manejando vehículos de alto porte, como UTV o cuatriciclos de alta cilindrada >Para las familias, el panorama no es menos inquietante. Grupos familiares y jóvenes llegan temprano en sus vehículos, se instalan frente al mar y estacionan fuera de los sectores autorizados. Se observa la costumbre de entregar el volante a menores, la circulación sin casco es habitual, y, en algunos casos, los adultos sostienen a bebés mientras conducen. El uso de antenas reglamentarias —obligatorias para cuatriciclos y UTVs, según la normativa local— es una excepción en el panorama cotidiano, a pesar de los riesgos de visibilidad que implica la ausencia de estos dispositivos de seguridad.

Sin embargo, el cumplimiento es irregular, tal como subraya Gastón Flores, vecino de General Madariaga, quien señaló a Infobae: “En los últimos años suele haber controles en la entrada a La Frontera, pero por acá solo pasa a veces un móvil y no he visto que paren a nadie”. Flores reconoció la importancia de la protección personal: “Lo fundamental es usar casco, pechera, antiparras, botas, todo lo necesario para protegerse. Así, muchas de las cosas que pasan no sucederían. Pero también es cierto que no hay un control estricto, nadie te dice ‘no andes rápido’, porque acá cada uno hace lo que quiere”.

El ambiente dista de la austeridad habitual de las playas urbanizadas. La Frontera, situada en el límite norte del partido y extendida hacia la Ruta Provincial 11 —frontera natural con General Madariaga—, aglutina zonas de costa familiar y sectores donde se concentran las carreras y la presencia de alcohol y conductas temerarias.

Las intervenciones médicas ante los accidentes suelen determinar la gravedad de la situación. El caso de Bastián, el niño internado tras un choque entre vehículos, es paradigmático. El último parte del Hospital Comunitario de Pinamar destaca que “tras la intervención quirúrgica y desde su regreso del quirófano, no necesitó nuevas transfusiones de sangre”, aunque permanece bajo soporte inotrópico para estabilizar presión arterial y función cardíaca. Por la criticidad de su estado, los médicos descartan su eventual traslado a un centro de mayor complejidad.

El flujo de visitantes de La Frontera se compone de un público heterogéneo, desde adolescentes sin licencia hasta adultos experimentados, según relataron los entrevistados. González ilustró la diversidad: “Hay desde chicos que no tienen ni carnet hasta gente grande, porque me ha tocado verlo”. Esta heterogeneidad se refleja asimismo en las prácticas: mientras algunos buscan la tranquilidad de la costa, otros toman riesgos innecesarios, motivados por la emoción de la velocidad, la capacidad de los vehículos o la falta de regulación presente en ese “mundo aparte”.

La problemática se intensifica en determinadas franjas horarias, como afirman los testigos. Las jornadas de sol y temperaturas benignas congregan a cientos de personas que, en muchos casos, se manejan al margen de la normativa. La lejanía del núcleo urbano y la geografía del lugar refuerzan la sensación de espacio sin ley. Micaela Visconti, visitante habitual, expresó a Infobae: “Como no hay rutas o caminos marcados, cada uno va por donde quiere y eso puede hacer que se crucen autos. Por eso está bueno no ir a velocidades muy altas, para poder frenar si se cruza alguien de repente”.

La dimensión multitudinaria de los visitantes resulta llamativa a la par que desafiante para la fiscalización. Las imágenes atestiguan el tradicional desfile de camionetas 4x4, carpas y gazebos apostados junto al mar en una suerte de convivencia entre turismo familiar y prácticas extremas. Los médanos conectan con el partido vecino y dibujan rutas de paso que, si bien están delimitadas en teoría, se diluyen en la práctica cotidiana.

Algunos de los concurrentes, como Iván, reconocen que disfrutan más del lugar fuera de temporada alta: “Nosotros solemos disfrutar el lugar más en invierno, cuando no hay tanto desorden y es más tranquilo. En esa época viene gente de familia, que tal vez hace una travesía por los médanos, pero de manera tranquila, sin carreras ni el descontrol que suele haber en la olla durante el verano”.

La consigna básica de seguridad —casco, cinturón, documentos y antena reglamentaria— convive con una realidad en la que los vehículos a menudo son conducidos por menores, circulan sin protección mínima y ocupan áreas no habilitadas para su tránsito. Facundo González se refirió al último siniestro: “Fue cuestión de suerte que subieron en un médano y no se encontraron despacio. No sé quién venía fuerte, si la camioneta o el otro vehículo”.

De este modo, el cóctel de imprudencia, falta de controles y una geografía propicia para la aventura mantiene vigente el ciclo de accidentes en La Frontera, al norte de Pinamar.



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