20 de julio de 2025
Juan Carlos Altavista, entre el humor y el barrio: la vida detrás del entrañable Minguito Tinguitella y el homenaje a su padre
Detrás del personaje popular que conquistó la radio, el cine y la televisión, el entrañable actor construyó una carrera marcada por la sensibilidad, el trabajo actoral y un profundo amor. Murió el 20 de julio de 1989
Fue tan profunda la marca que dejó que a Altavista le resultó difÃcil despegarse de él. Aunque fue un actor versátil, con trayectoria en cine, teatro y televisión, su vÃnculo con el público estuvo siempre atravesado por esa figura popular que también protagonizó pelÃculas con otro grande, Juan Carlos Calabró. Detrás de la comedia, sin embargo, estaba el hombre prolijo, enamorado de su esposa —el gran amor de su vida—, sus tres hijos, la disciplina que aprendió en el escenario y llevaba a cuestas una enfermedad que le costó la vida en pleno set de grabación.
Juan Carlos Altavista no necesitaba hablar para conmover: bastaba con su mirada. En sus ojos condensaban una humanidad difÃcil de fingir. HabÃa en ellos una mezcla de picardÃa, ternura y melancolÃa que decÃa mucho más que cualquier monólogo. Era la mirada de un tipo bueno, de barrio, que pese a la notoriedad que se ganaba con los años no se creÃa más que nadie, todo lo contrario. Esa cualidad —tan escasa como potente— fue la que convirtió a Altavista en un actor único, capaz de emocionar con una sola expresión.
Ya de chico se mostraba fascinado por la actuación: el cine y el teatro. Mientras sus amiguitos del barrio jugaban a la pelota, él observaba a los adultos y luego los imitaba delante de sus parientes. A veces, hasta daba un show de comedia en su casa. Hacer reÃr estaba en su alma. Ese don innato lo hizo dejar la escuela en tercer grado luego de que alguien descubriera su talento en la plaza y le aconsejara a su madre llevarlo a probarse al Teatro Infantil Lavardén. AllÃ, se formó junto a los grandes: Narciso Ibáñez Menta, Francisco Petrone y Luis Sandrini. Fue tanto lo que gustó que pronto lo hicieron parte de unas obras de teatro, cosa que le hizo ganar sus primeras monedas, que llevaba su casa para colaborar con la economÃa familiar.
Con solo 11 años, Juan Carlos debutó en el cine con la pelÃcula MelodÃas de América. Luego llegaron Juvenilia, Cuando en el cielo pasen lista, Corazón y otros 60 tÃtulos más que consolidaron su presencia en la pantalla grande. En paralelo, se destacaba en radioteatros como actor dramático. Pero su vocación no se agotaba en los papeles serios ni en el oficio interpretativo: querÃa, ante todo, hacer reÃr. Ese deseo encontró su cauce años más tarde, cuando creó un personaje que quedarÃa grabado en la memoria popular.Con ese personaje, protagonizó clásicos del cine nacional junto a otro grande, Juan Carlos Calabró: Mingo y AnÃbal, dos pelotazos en contra; Mingo y AnÃbal contra los fantasmas; y Mingo y AnÃbal en la mansión embrujada aún hace reÃr. En 1988, se estrenó su ultima pelÃcula, Tres alegres fugitivos, junto a Carlitos Balá y Tristán.
En 1987, un Diego Maradona flamante campeón del mundo tuvo un mano a mano con el mÃtico personaje de Juan Carlos Altavista y le confesó: “Yo tengo un sueño: ser Minguitoâ€. Con los ojos llorosos y la sonrisa eterna, Minguito miraba cómo el 10 le sacaba la bufanda y el sombrero para ponérselos. Asà de grande y querido fue ese personaje sinigual en la televisión argentina.“Me puse ropas de mi viejo, su sombrero, su camisa, su saco, su echarpe, un cinto de cuero negro y le agregué zapatillas de paño, más un detalle para mà fundamental: el uso infaltable del escarbadientesâ€, contó Altavista en una oportunidad para explicar cómo habÃa nacido “el Mingo >Hablaba una mezcla de lunfardo y “al revés†—decÃa “este Ãspa“, en lugar de “este paÃsâ€â€”. Estaba lleno de refranes populares, de errores gramaticales cómicos y verdades filosas. Saludaba con un “¿Que hacé’ tri-tri?“; cuando elogiaba a alguien, decÃa: ‡Hay que levantarle un manolito!†y a los amigos, les decÃa “gomiaâ€... Pero más allá del chiste, Minguito era un retrato del argentino de clase media baja de los años sesenta, el que sobrevivÃa con dignidad en medio del caos, el que viajaba colgado en el colectivo —porque hubo un tiempo en que la gente que iba a trabajar, tomaba unidades colapsadas que apenas tenÃa espacio en el primer escalón—.
Pero fue en la mesa del bar del legendario sketch Operación Ja-Ja, de Gerardo Sofovich, que el personaje tomó forma definitiva. Ese segmento se transformó luego en un programa autónomo, Polémuica en el bar. Rodeado de los grandes cómicos del espectáculo nacional —Jorge Porcel, Javier Portales, Vicente La Russa, Mario Sánchez, Rolo Puente, Alberto IrÃzar y Adolfo GarcÃa Grau, entre otros—, Altavista potenció a Minguito hasta convertirlo en lo que fue.
Minguito tenÃa cuatro caracterÃsticas que lo distinguÃan: era hincha de Boca Juniors, intransigentemente peronista, descendiente de italianos y trabajador informal. Nunca se habÃa casado y profesaba un amor sublime por su madre, “la viejitaâ€, como la llamaba, y la consideraba una santa. Aunque Minguito no hablaba de su papá, cada vez que Juan Carlos se vestÃa de Minguito honraba a su fallecido padre.A mediados de los años 60, Juan Carlos conoció a la actriz española Raquel Ãlvarez —que formaba parte del elenco de Mirtha Legrand— en los pasillos del viejo Canal 9. Fue amor a primera vista, por eso, buscaba la manera de acercarse a ella y decidió seguirla con timidez hasta el bar del canal, querÃa hablar con ella. A los seis meses, se casaron. “Mi mujer es lo más lindo que me pasóâ€, se animó a confesar sobre la compañera con la que tuvo tres hijos: Ana Clara, Juan Gabriel y Maribel.
Raquel lo acompañó también en tiempos difÃciles, como cuando la dictadura lo censuró, acusando a Minguito de “deformar†el idioma. Durante esos años, Altavista se mantuvo a flote haciendo radio en Uruguay junto a Riverito y trabajando en el ámbito náutico, hasta que con el regreso de la democracia pudo volver a escena.“Tengo un conducto falso en el corazón, es lo único falso que tengoâ€, decÃa con ironÃa.
En la mañana del 20 de julio de 1989, Altavista se vistió de Minguito y fue a grabar el programa que tanto amaba. Era el DÃa del Amigo y pensaba celebrarlo con sus “gomÃas†en la mesa del bar, entre cafés y discusiones de la actualidad argentina. También tenÃa planeado comenzar los ensayos del sketch La familia, parte del ciclo Vamos Mingo TodavÃa, que acababa de debutar en Tevedos. Pero ocurrió lo inesperado...“Siempre hago a Mingo. A veces me preguntan si no cansa. Yo creo que, si lo dosifico y no lo regalo tanto, puede durarâ€, le confió al periodista José de Zer, conocido por sus informes siguiendo rastros de los OVNIS.
